Era un momento en el que ya no
importaban los lujos, ya toda la pomposidad vivida en otras épocas pasaba a un
segundo plano. En ese momento quedaban solamente los recuerdos, de una fama que
fue enorme, de un reconocimiento en la calle que crecientemente es satisfactorio
hasta que en cierto punto, como en las gráficas matemáticas, se logra el máximo
y de ahí en adelante va decayendo. Una fama excesiva que hizo que lo otrora
construido empezara a ser derrumbado. En ese momento murió, ya nada importaba.
Nació en 1922 y murió en 1973.
Fue una actriz famosa. Veronica Lake. Conocerla en un filme viejo y en recortes
de revistas fue mi placer. Y precisamente esa fama que se desvanece, y ahora no
es tan palpable, debido a que no es tan ícono del glamur como otras, precisamente
por no haber sido un ejemplo de vida y haber vivido una ruleta rusa, me motivó
a investigar más. A ver qué enigma guarda ella en sus ojos. Las pesquisas
siguieron, el computador y el acceso a redes sin duda sirve como ayudante
incondicional. Veo fotos de ella. Me embebo en su belleza y me compadezco por
su tristeza.
Mujer neoyorquina que tuvo un
pasado triste y, como la mayoría de eventos en la existencia, recibió un toque
en la espalda de parte de la Suerte, un toque que se pudo aprovechar, o también
se pudo desaprovechar, no sé. Pero el hecho es que se pudo vivir.
No hay una cabellera más perfecta
que la que ella tuvo la oportunidad de lucir frente a fotógrafos, frente a ese
lente que dejó inmutable esa expresión. Actuó en más de veinte películas,
personificando varias facetas. Y si miramos la superficie podemos creer al
verla en revistas de moda, que su talante daba para aparentar perfección. Nada
más falso. Le diagnosticaron esquizofrenia. Esa hermosa cabellera,
absolutamente rubia, con sus bucles, sus tirabuzones y su peinado de lado
cubriendo un ojo (expresión capilar que sería emulada años después) colindaba
con un cerebro que, angustioso, clamaba paz y sufría.
Mientras la fama desfilaba en la
alfombra roja, el cerebro estaba encerrado en un cuarto, sin ganas de salir,
sin ganas de ver a nadie. Esas son las cosas. Este equilibrio no podría
permanecer por siempre, esta dualidad, este esquema bitono cuerpo-alma algún
día tendría que halar para algún extremo, para la oscuridad o para la luz.
Como se puede prever, la historia
se encarga de darnos la respuesta. Murió alcoholizada. No hubo un cabello más
perfecto, no hubo mejor mezcla de rudeza, ternura y femineidad. Y no la hay.
Esta dualidad entre el día y la
noche, entre el infierno y el cielo, entre la fama y el desprestigio lo palpé también
en una historia de cine cuya protagonista, Jasmine, vivió como una reina y
terminó como una cenicienta.
Blue Jasmine, juego de palabras
basado en una hermosa canción de jazz, blue moon, y la protagonista, Jasmine. Ella
vivió un esplendor de vida entre la más exigente élite de Estados Unidos,
viajando por las mejores costas, vistiendo los mejores trajes. Zapatos Jimmy
Choo usaba para asistir a un sinnúmero de eventos. No tenía necesidad de pensar
en nada, la vida le sonreía, puesto que tenía un esposo aparentemente honesto
que impulsaba ardides y estafas y que luego terminó dando fin a su vida de
manera voluntaria.
Al ver ella derrumbarse y reconstruirse
todo su mundo, y al ver aparecer los estragos, las cuentas de cobro y la vida
que se presentaba con muchos amigos y que terminó teniendo solo una hermana
como apoyo, ahí aterrizó, ahí la curva que iba en ascendente tuvo su punto de
inflexión y cambió su pendiente hacia la baja. Como Veronica, actriz del
séptimo arte, como Jasmine, personaje del
séptimo arte. Todo dio un vuelco y cambió, esta vez para mal.
Es increíble haberla conocido y
con poca diferencia de días haber también visto la película, con contextos
diferentes pero con características similares. Todo lo que uno capta es una
ficha de un rompecabezas que de uno dependerá cómo quiere armar. Ahí quedaron
estas dos vivencias. En su declive, cuentan las anécdotas que andaba Veronica
trabajando de mesera en un restaurante, puesto que no tenía de otra y
necesitaba el dinero; se le acercó alguien que la conocía, la saludó, e
inmediatamente ella dijo que no trabajaba ahí, que era una cliente y se sentó
en una mesa aleatoriamente, con su ropa astrosa y su alma pordebajeada. Supongo
yo que fue despedida.
También en la película Blue
Jasmine, hay una escena conmovedora en la que ella conoce al hombre de sus
sueños, ya habiendo enviudado, ya habiendo dejado todo atrás. Al él preguntarle
qué era de su vida, armó una historia en cuestión de segundos, y a medida que
más mentiras echaba al caldo de su ficción, más se enaltecía, más se
emocionaba. Pero ya sabemos que esto no puede durar, todo se devela en algún
momento.
Son estas dos personas, una real
y la otra virtual, ambas aferradas al pasado pero peleando con él, no dejándolo
ir. Su collar drapeado de rubíes reposa en la estantería, presto a ser usado y
a seguir recreando algo que no existe. A Jasmine le tocó bajar la cabeza y
aceptar la realidad. A Veronica el rostro le cambió muy rápidamente; ya no era
la musa de aquella época dorada. Todos cambiamos, eso es cierto e inexorable,
pero ella lo hizo a una mayor velocidad. Se la llevó el viento, ese mismo
viento que le derrumbó el castillo de naipes a Jasmine. La realidad.