jueves, 2 de enero de 2014

Blue Veronica

Era un momento en el que ya no importaban los lujos, ya toda la pomposidad vivida en otras épocas pasaba a un segundo plano. En ese momento quedaban solamente los recuerdos, de una fama que fue enorme, de un reconocimiento en la calle que crecientemente es satisfactorio hasta que en cierto punto, como en las gráficas matemáticas, se logra el máximo y de ahí en adelante va decayendo. Una fama excesiva que hizo que lo otrora construido empezara a ser derrumbado. En ese momento murió, ya nada importaba.

Nació en 1922 y murió en 1973. Fue una actriz famosa. Veronica Lake. Conocerla en un filme viejo y en recortes de revistas fue mi placer. Y precisamente esa fama que se desvanece, y ahora no es tan palpable, debido a que no es tan ícono del glamur como otras, precisamente por no haber sido un ejemplo de vida y haber vivido una ruleta rusa, me motivó a investigar más. A ver qué enigma guarda ella en sus ojos. Las pesquisas siguieron, el computador y el acceso a redes sin duda sirve como ayudante incondicional. Veo fotos de ella. Me embebo en su belleza y me compadezco por su tristeza.

Mujer neoyorquina que tuvo un pasado triste y, como la mayoría de eventos en la existencia, recibió un toque en la espalda de parte de la Suerte, un toque que se pudo aprovechar, o también se pudo desaprovechar, no sé. Pero el hecho es que se pudo vivir.

No hay una cabellera más perfecta que la que ella tuvo la oportunidad de lucir frente a fotógrafos, frente a ese lente que dejó inmutable esa expresión. Actuó en más de veinte películas, personificando varias facetas. Y si miramos la superficie podemos creer al verla en revistas de moda, que su talante daba para aparentar perfección. Nada más falso. Le diagnosticaron esquizofrenia. Esa hermosa cabellera, absolutamente rubia, con sus bucles, sus tirabuzones y su peinado de lado cubriendo un ojo (expresión capilar que sería emulada años después) colindaba con un cerebro que, angustioso, clamaba paz y sufría.

Mientras la fama desfilaba en la alfombra roja, el cerebro estaba encerrado en un cuarto, sin ganas de salir, sin ganas de ver a nadie. Esas son las cosas. Este equilibrio no podría permanecer por siempre, esta dualidad, este esquema bitono cuerpo-alma algún día tendría que halar para algún extremo, para la oscuridad o para la luz.

Como se puede prever, la historia se encarga de darnos la respuesta. Murió alcoholizada. No hubo un cabello más perfecto, no hubo mejor mezcla de rudeza, ternura y femineidad. Y no la hay.

Esta dualidad entre el día y la noche, entre el infierno y el cielo, entre la fama y el desprestigio lo palpé también en una historia de cine cuya protagonista, Jasmine, vivió como una reina y terminó como una cenicienta.

Blue Jasmine, juego de palabras basado en una hermosa canción de jazz, blue moon, y la protagonista, Jasmine. Ella vivió un esplendor de vida entre la más exigente élite de Estados Unidos, viajando por las mejores costas, vistiendo los mejores trajes. Zapatos Jimmy Choo usaba para asistir a un sinnúmero de eventos. No tenía necesidad de pensar en nada, la vida le sonreía, puesto que tenía un esposo aparentemente honesto que impulsaba ardides y estafas y que luego terminó dando fin a su vida de manera voluntaria.

Al ver ella derrumbarse y reconstruirse todo su mundo, y al ver aparecer los estragos, las cuentas de cobro y la vida que se presentaba con muchos amigos y que terminó teniendo solo una hermana como apoyo, ahí aterrizó, ahí la curva que iba en ascendente tuvo su punto de inflexión y cambió su pendiente hacia la baja. Como Veronica, actriz del séptimo arte, como Jasmine, personaje del  séptimo arte. Todo dio un vuelco y cambió, esta vez para mal.

Es increíble haberla conocido y con poca diferencia de días haber también visto la película, con contextos diferentes pero con características similares. Todo lo que uno capta es una ficha de un rompecabezas que de uno dependerá cómo quiere armar. Ahí quedaron estas dos vivencias. En su declive, cuentan las anécdotas que andaba Veronica trabajando de mesera en un restaurante, puesto que no tenía de otra y necesitaba el dinero; se le acercó alguien que la conocía, la saludó, e inmediatamente ella dijo que no trabajaba ahí, que era una cliente y se sentó en una mesa aleatoriamente, con su ropa astrosa y su alma pordebajeada. Supongo yo que fue despedida.

También en la película Blue Jasmine, hay una escena conmovedora en la que ella conoce al hombre de sus sueños, ya habiendo enviudado, ya habiendo dejado todo atrás. Al él preguntarle qué era de su vida, armó una historia en cuestión de segundos, y a medida que más mentiras echaba al caldo de su ficción, más se enaltecía, más se emocionaba. Pero ya sabemos que esto no puede durar, todo se devela en algún momento.


Son estas dos personas, una real y la otra virtual, ambas aferradas al pasado pero peleando con él, no dejándolo ir. Su collar drapeado de rubíes reposa en la estantería, presto a ser usado y a seguir recreando algo que no existe. A Jasmine le tocó bajar la cabeza y aceptar la realidad. A Veronica el rostro le cambió muy rápidamente; ya no era la musa de aquella época dorada. Todos cambiamos, eso es cierto e inexorable, pero ella lo hizo a una mayor velocidad. Se la llevó el viento, ese mismo viento que le derrumbó el castillo de naipes a Jasmine. La realidad.