En este mundo, debido a las cosas
que hacemos, donde estudiamos, donde trabajamos y donde vivimos, nos
enfrentamos a lo que llaman rutina; donde confluye gente que va deprimida
porque peleó con su cónyuge, gente que va azarada por alguna entrega que debe hacer,
gente que sale a pelear el pan con el sudor o con el frío de su frente, y gente
que queda congelada en el Transmilenio por comentarios que hace sobre películas
o sobre algún tema álgido.
Siempre salgo
de mi casa ataviado, a la espera de buenas sensaciones, esas que son gratis,
con la compañía de mi bufanda imbuida en loción. Con el sol, o con el frío, ahí
estamos los soldados, esperando transporte, puros adultos con bigote y corbata,
a veces bendecidos por la presencia de un niño preguntándole algo a su acompañante;
si eso ocurre, el día se vuelve más maravilloso: no hay energía más positiva y
diáfana que un niño a las siete de la mañana en el transporte masivo. Voy con
mis artefactos, cargado de ímpetu. Ímpetu para observar.
En la
observación que se produce en el trayecto hacia mi laburo veo personajes con
los cuales se puede hacer una película, de la vida diaria, con multitud de
problemas encima, multitud de sonrisas algunos, y multitud de voces peculiares
otros. Salgo del enorme bus rojo, entre jóvenes y señoras, alguna que otra
señorita conectada de lleno con su mensajería instantánea, e instantáneamente
recibo de una señora cabeza de familia el periódico gratuito; una señora
vociferando su publicación, su trabajo, con el frío de su frente. Fíjense que
ella se me parece a Máxima Zorreguieta. Otra señora, también cabeza de hogar,
me da otro diario, competencia del
primero. Son dos señoras que me saludan, son lindas, son humanas. La primera
caminata de la mañana.
En el trayecto
pedestre veo otra señora vendiendo yogur con cereales; la he filmado, le he
grabado la voz, es toda una vendedora de productos light que ayudan al tránsito
lento, en una calle con tránsito rápido. Me gustaría saludarla y decirle que la
admiro, así como la otra vez homenajeé a una pareja que se cuchicheaba
tiernamente mientras el robot anunciaba las próximas paradas; sí, los ví y me
quedé dudando unos segundos, después les dije “hacen bonita pareja”; ellos
sonrieron, yo sonreí, me puse un poco nervioso y lo único que pude hacer fue
llevarme la mano a la frente y despedírme moviéndola firme como saludan los
soldados. A esa señora la voy a
felicitar la próxima vez que la vea.
Son las
caminatas. Así se llama un ensayo de Robert Louis Stevenson. Él hace una oda a
esta práctica de ir solo, de percibir los olores, de ver a la gente, de ir a su
propio ritmo. Debemos ser como el humo de la pipa a merced del viento; buena
analogía, yendo por el ambiente libre y anodinos, tranquilos, mezclándonos con
el olor a comida, a perfume, a paisaje; así se mezcla uno, en medio de la albórbola
de la ciudad. Todo esto puede hacerse en silencio, o con música de fondo; si
existe música de fondo en mi cerebro, corro el riesgo de hacer coincidir los
beats con algún sonido citadino, convirtiéndome en el protagonista de algún
video musical; la otra vez protagonicé un sentido capítulo de Les Misérables a
medida que pateaba una piedra y tomaba capuchino; la otra vez protagonicé un
video de progressive house mientras iba enlatado entre sardinas; ahí iba yo. Y
siempre está mi mente volando por ahí.
Aquí no para
todo. La hora del almuerzo es también llena de sensaciones, éstas ya mezcladas
con el apetito de la tarde, del segundo golpe, donde igualmente se juntan seres
humanos buscando saciarlo; mientras voy viendo música y leyendo olores por las
calles, veo a un señor de bigote anunciando un producto otrora útil, tal vez ya
no tanto, para guardar los CDs: este anuncio del estuche que le guarda los CDs,
pronunciado muchas veces a una velocidad digna de Flash, no da cabida a
la posibilidad de pasarlo por alto. Vendiendo su producto a 45 revoluciones por
minuto. Pero lo destacable de él es que de acuerdo a la coyuntura, palabra tan
económica, y para cuidar él su economía, se ajusta al producto que sea
menester: sombrillas, la vaca lechera del mercado callejero, o el curso de
Excel, o el libro de moda, o incluso unos códigos necesarios, el civil y el de
procedimiento penal. Todo en un bolsillo, todo para llenar su bolsillo y suplir
sus necesidades.
Estaba
hablando del almuerzo. La segunda caminata. Hay un recinto atendido
primordialmente por damas, señoras cabeza de familia. Venden almuerzo, jugos
naturales y un té digno del Rey Pirro. Y se preguntarán porqué siempre digo que
estas señoras protagonistas de la vida son cabezas de familia: no sé si tienen
hijos ni siquiera, pero la mujer siempre será la cabeza de la familia. La
mujer, de 20 ó 60 años, ella lo es. El bastón.
Lo curioso del
asunto es que siempre encuentro gente parecida a alguien conocido: he visto a
Edith Piaf, frágil y preocupadiza, preguntando una dirección, he visto a
Valentino y a Liam Gallagher, por mencionar unos pocos, pero en el restaurante me
encuentro con Lizarazo. Sí, con Alfonso Lizarazo, el original. Él va allá, y
come carne con arroz, paga su cuenta, toma café, como cualquier mortal. Años
atrás, los sábados con mis papás, él promulgaba la idea de llevar una escuelita
en su corazón. Y si el adagio popular de que a barriga llena corazón contento
es cierto (y sí que lo es), pues digamos que esas escuelitas están albergadas
en una contenta morada. Eso me pone contento.
Todo esto pasa
muchas veces. Yo lo observo; la gente del diario vivir. La gente que entrega
diarios, la gente que vive y hace mis caminatas tan amenas. Decía Virgina Woolf
que rígido, el esqueleto del hábito soporta la forma humana. Esa habitualidad
hace a mi persona, y por el solo amor a la gente hace que cada día,
aparentemente igual, sea mágico y diferente.
Finalmente, ni
qué decir de la caminata, la tercera, hacia el hogar: es la llegada al paraíso,
donde están las tres reinas cabezas de familia. Pero eso merece un capítulo
aparte.
Quien es el rey Pirro???
ResponderEliminarGracias por el homenaje a las mujeres y las cabeza de familia...
Cada vez me gustan mas tus escritos, son un deleite.
hola marthica, gracias por tu comentario!!! las mujeres sostienen a la vida...qué bueno que te gusten...el rey Pirro era de Grecia, casi que en la época de Cristo, y pues de él viene el término pírrico, una victoria pírrica, en la que se pierde más de lo que se gana, gracias a que en sus victorias como que ganaban pero quedaban súper pobres y con miles de soldados menos....entonces en estos días lo leí y pues se me ocurrió meterlo, jejejejej....kisses
ResponderEliminarMuchachón!!! Congrats congrats!! Vas pa' 'lante con tu prosa!! Espero seguirte leyendo ad infinitum amigo mío.
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