Estaba hablando con un amigo,
hace pocos días, sobre Oasis mientras pinchábamos una tarta de limón con
espresso machiatto. Oasis es mi grupo favorito. Así se haya desintegrado, así no exista, digo que lo sigue siendo; para mí
todavía Oasis existe así sus integrantes no estén juntos. Así Liam esté con Beady eye y Noel con The
flying Birds. La forma de cantar de Liam, con sus brazos atrás, su
vestimenta, su pelo (su pelo ¡!!!), sus gafas, su inclinación un poco hacia
atrás para hacer coincidir su boca con el micrófono, sus peleas con el hermano
(no quisiera que existieran pero hacían parte de su entorno), sus desparpajo en
las declaraciones en Mtv, su inglés tan de trainspotting, sus loquizas; ahh y
su música. Claro, su música, sus muchas canciones en muchos álbumes,
majestuosas; lo que me hacen recordar, lo que me hacen sentir, lo que representaron
hace 15 años y lo que siguen representando ahora para mí. La hermosa música por
sí misma.
Prosiguiendo con la conversación,
en la cual se mencionan todas esas cosas malas y buenas que hacen al grupo, me
hablaba mi amigo sobre la letra de las canciones, de cómo en “live forever”
hablaban sobre el futuro, de cómo en “champagne supernova” hablaban sobre las
drogas; de cómo en “Little james” habla Liam sobre su hijo. Y así sucesivamente
iban resultando ejemplos; acto seguido me pregunta el personaje lo que veía
venir: y usted qué opina de las letras de Oasis, ese grupo preferido por usted.
Antes de responder algo así, debo
saber en qué modo estoy, qué tanto quiero hablar, si tengo pereza de demostrar
argumentos, si estoy excesivamente feliz, si estoy de afán, o si simplemente me
da lo mismo lo que el interlocutor piense de mí y no me quiero desgastar, para
así poder simplemente asentir y aparentar estar de acuerdo. Esta vez, a medida
que me devoraba la tarta, raspando el plato de porcelana rusa con la cucharita
de plata, me quedé pensando un rato, digamos unos 10 segundos, miré a
lontananza; pasaban los carros, los buses y las renoletas. Respondí lo que,
usted lector, va a leer a continuación.
No tengo ni idea de las letras de
las canciones de mi grupo favorito. No me interesa. La música es música, es
algo hecho melódicamente que produce cosquilleo, mariposas en la panza,
remembranzas y emociones, así como las pepas blancas en un vestido, o los
encajes victorianos de alguna bella doncella. Cómo cantan, las guitarras, los
bajos, las bajadas, las subidas, los solos. Eso es una canción. Que la letra es
horrible porque habla de una separación o de la muerte de un ser querido? Listo,
la letra no es la canción, la letra es un texto que me lo leo, así como leo un libro,
así como leo el hace 100 años de El Tiempo. Y me causará risa o tristeza. No la
desvirtúo, pero no hace parte de ella.
Una canción buena es lo que
suena, y es absolutamente delicioso oírla, pero no me importa lo que dice. Lo
que dice no hace parte del hilo conductor, no es el éxito de una canción, mas
sí es el éxito de un buen libro, de un buen poema, naturalmente. Si una canción
es triste lo será porque la melodía está llena de ritmos sosegados y la voz es
angustiosa, el feeling es nostálgico. No porque diga “amor, te perdí” la hace
una canción triste. Así como con una canción alegre, qué importa que diga?
Mientras tenga teclados estruendosos, beats pulsantes y ritmo que invite a
danzar y a no comer pavo, es una canción alegre; así diga “es un día hermoso” o
algo así. Difícil manifestar esto, difícil hacerse entender. Pero poniéndolo en
algún término más coloquial, digo que si quiero buenas letras, buen texto, me
leo algo. Si quiero buenas melodías, buenos sonidos, oigo algo. No quiero oír
algo para percibir buen texto. No va. Tal vez por eso pienso que la música más
pura es la que no tiene letra. Lo piensa Magda, lo pensó Vivaldi y lo pensó
Paganini. Sonido es música. Letra es texto. Así como hay señores tan pobres que
lo único que tienen es dinero, también hay canciones tan malas que lo único que
tienen es letra, no tienen de dónde más agarrarse.
Edith Piaf me hizo llorar. Hymn a
l’amour me sacó lágrimas muchas veces. No sé bien qué dice, no sé francés.
Lloro porque me acuerdo cuando, en la película, ella se levanta delirando y
piensa que su amado Marcel, el amor de su vida, llegó del viaje a verla a ella.
Delirio. El nunca llega, se había accidentado, con fatales consecuencias. Ella
no lo concibe, hasta que poco a poco va cayendo en la realidad, a medida que
sus sirvientes la miran, el dolor que puedo sacar de esa escena me estruja el
corazón, me rompe mis sentimientos; se caen todos mis esquemas. Oír esa
canción, que ella le dedicó a Marcel, es evocar toda esa tristeza, todo ese
dolor que impregna de lágrimas los ojos y que hace al humano tan vulnerable. Es una melodía
que evoca algo, aun sin saberse la letra.
Muchas canciones me animan y me
hacen explotar internamente de júbilo y de amor. Cuando Sasha mezcla dos
canciones, la armonía de los dos beats produce más alegría que un poema cantado.
Oír “a thousand years” de cristina perri es un absoluto enamoramiento; es
romance elevado a la enésima potencia, y lo sé por lo que percibo, no por
conocer de la letra sólo el título. Esa es la música, la que me hace vibrar, un
violín, una guitarra, una voz, no importa si lo que dice está en islandés,
patua o francés.
Mi amigo, al igual que yo minutos
antes, se quedó meditando, y me dijo que pensaba lo mismo que yo, que esas
referencias sobre las letras de Oasis eran sacadas de google, y que sólo quería
medir cuál sería mi reacción. Hubo un silencio, el cual fue seguido de una risa
cómplice, un fuerte apretón de manos y una despedida, claro está, después de
pagar la tarta de limón y el espresso
machiatto.
Chévere el artículo, estoy completamente de acuerdo. Pienso que si una buena canción tiene además una buena letra, fantástico. Pero como vos lo decís, la música tiene valor por sí misma, no necesita de nada más. Si no, sería imposible disfrutar música como la de algunas canciones de Sigur Ros: ellos comprende lo que vos aquí exponés, y por eso en esas canciones, aunque hay voz y melodía vocal, la letra es abstracta, está escrita en un lenguaje inexistente que ellos llaman "Hopelandic".
ResponderEliminarBuen post!