Corría
el año 1993 y estaba viendo televisión con mis papás y mi hermana, haciendo
zapping entre tantos canales que existían en ese momento, todo esto gracias a
un concepto novedoso: la antena parabólica. Esta consistía en un plato pandeado
inmensamente grande, a veces incluso más grande que la misma casa, instalado en
un lote de 4x4 metros, que miraba hacia arriba como los girasoles y captaba
señal de los satélites de cadenas de
televisión del otro lado del charco y del otro lado de la luna. Por su tamaño,
este tipo de antena fue un gran invasor de espacio en la floreciente terminología
de zonas comunes y propiedad horizontal.
Empecé
a ver canales diferentes, comerciales de cereales y de GI Joe que me dejaban
absorto, noticias en inglés, y también canales peruanos, argentinos y
mexicanos. Nos volvimos multimedia e internacionales.
Iba
cambiando canales, como les digo, y me detuve en un espacio de humor en un
canal mexicano. Teniendo como derrotero y bases teóricas la Carabina de
Ambrosio y Qué nos pasa noté cierto parecido entre los actores de estos
clásicos y el que aparecía en ese
momento en la pantalla.
Todo
de Todo se llamaba el programa, un collage de sketches que colmaba media hora
semanal. Yo lo esperaba ansiosamente cada jueves con palomitas de maíz y
gaseosa y posteriormente caí en cuenta de que podía empezar a grabarlo en el Betamax.
Ahí
salían muchos personajes, entre ellos un español gordo y peludísimo haciendo
monerías, conocido como el Trompetero, volviendo la lengua un ocho mientras era
insultado y humillado por su amigo buen mozo y malgeniado, el Tabaquete, a raíz
de sus comentarios estúpidos, fuera de tono y absolutamente hilarantes. Uno era
gallego y el otro andaluz.
Qué
bien que la pasaba. Además del par de españoles tontos, existió un profesor, apodado
Hugo del Metate, que en un papelógrafo explicaba múltiples términos a sus
alumnos y mientras preguntaba si le entendían, movía la cabeza hacia adelante,
el peluquín se le despegaba a medias y le cubría la cara. Muy chistoso además
otro personaje, un científico alemán, naturalmente basado en Einstein: el
doctor Von-Va. Imagínenlo con su acento alemán, el pelo parado y la espuma
desbordando las pipetas y beakers de su laboratorio.
Hasta
aquí la primera parte del fenómeno: el asombro y la risa.
Luego
empieza la difusión, segunda parte natural del mismo. Empecé a gesticular igual
al trompetero, les conté a mis primos, a mis amigos, a mi hermana, a mis papás,
ellos también empezaron a gesticular y hacer el ocho con la lengua al terminar
un chiste, empecé a sacarle parecidos a la gente con algunos personajes del
programa e incluso me aprendí diálogos de memoria, que aún recuerdo sin falla.
Están en mi memoria, y me río todavía.
Todo
de Todo se convirtió en una institución para mí, en un estilo de vida, así como
el transmisor gigante e incómodo para sintonizarlo por medio de las ondas, la
parabólica, se convertía en el estilo de vida de los demás. Contábamos con
múltiples opciones, el panorama se iba atiborrando de estas antenas: nunca
antes los Supersónicos estarían más acertados en su visión del futuro.
Primos
y primas de otras latitudes y disímiles edades hacían la mueca del Trompetero
en señal de complicidad conmigo, e incluso recitaban algunas oraciones
repetidas insaciablemente por este pecho, había rebobinadas de casete casi a
diario y ese rodillo de cinta se convirtió un poco menos que una joya, un
trofeo. El clímax de toda esta situación llegó en un capítulo puntual en el que
uno de los personajes -el profesor- al cerrar su papelógrafo y marcharse del
recinto se machuca tres dedos de las manos, pega un aullido máximo de dolor y
se va absolutamente adolorido, mientras todo el público casi se parte de la
risa. Podrían ustedes imaginarse cuántas veces vi la escena, la devolví, la
volví a ver, proceso que casi daña los cabezotes del reproductor.
Como
en todo fenómeno, después del clímax y el movimiento, llega la calma. Así como
todas las dinastías y gobiernos poderosos declinan, también empezó a mermar la
calidad del espacio humorístico; empezaron a repetir ediciones viejas, ya los
personajes no eran tan genuinos sino más bien aburridores; así mismo la
programación de canales de la parabólica empezó a menguar, veíamos canales en
inglés que transmitían los pronósticos del clima las veinticuatro horas del
día, incluso hubo un canal árabe, o iraní, no importa: era incomprensible y de
letras raras.
El
fin llega, tarde o temprano pero llega. Alguna ley de algún señor triple A
(abogado, adulto y aburrido) se coló en el Senado, supongo, y bueno, palabra va
palabra viene, las parabólicas pasaron a ser ilegales; los dinosaurios eran
gigantes, aparentemente invencibles y longevos pero aun así se extinguieron;
eso mismo pasó con la parabólica. Desmontaron todas las estructuras, y nunca
más volvería a saber nada de estos amados personajes, de estos dinosaurios;
pero poseía un fósil: el casete en el que grabé todo, la prueba reina.
El
tiempo siguió avanzando a la par de la tecnología, llegó internet, los planes
de televisión por cable y demás comodidades; y resulta que así como la
corriente del mar o algún terremoto sepulta los fósiles mandándolos a parajes
lejanos y escondidos, me pasó que en un trasteo (nada más parecido a un terremoto)
el afán de salir de bártulos le dio un adiós para siempre a la única prueba que
quedaba de la existencia del trompetero: el casete se perdió.
Ahora
corre el 2013 y mencioné que llegó internet porque gracias a ella pude ponerme
en la labor, desde hace algunos años, de buscar algo relacionado a estos
personajes, a ese programa, con resultados muy exiguos. A duras penas hay un
par de extractos de un minuto en youtube; la parabólica se extinguió y con ella
Todo de Todo; por más que busco en todos lados, apenas salen menciones o
comentarios alusivos a algo que existió en el 93. Ahora cómo pruebo que
existieron?
Tal
vez después de la cuarta guerra mundial, esa que dicen será con palos y
piedras, surja una nueva sociedad, con dinosaurios y parabólicas; seguro que
ahí reaparecerá el Trompetero, Tabaquete y demás, dándose golpes entre sí. Seguro
estaré ahí para ese entonces; de momento, estoy seguro que alguna familia está
en este momento dañando los cabezotes del reproductor de Betamax destornillada
de la risa viendo, devolviendo y viendo otra vez las genialidades de este
humorista en algún recodo del mundo. Habrá encontrado la prueba reina en la
basura, en un mercado de las pulgas o en alguna subasta en internet.
Como para comerse un barquillo de-(he)lado!
ResponderEliminarjajajajajja, y te acordás de la prueba de los cien metros?? ponen a un naco a chupar unos palos de madera, que miden un metro cada uno..."ya los está probando los metrosssss, lleva 48, no más le faltan 52...la prueba de los cien metrosssss, sí comprenden verdáaaaaaaa???" jajajajaj, muy muy muy bueno, pero está extinguido del planeta virtual !!!
ResponderEliminarjajajajajja, y te acordás de la prueba de los cien metros?? ponen a un naco a chupar unos palos de madera, que miden un metro cada uno..."ya los está probando los metrosssss, lleva 48, no más le faltan 52...la prueba de los cien metrosssss, sí comprenden verdáaaaaaaa???" jajajajaj, muy muy muy bueno, pero está extinguido del planeta virtual !!!
ResponderEliminarHola….aun conservas los videos???los puedes subir a you tube???
ResponderEliminar