PALABRAS A MI AMIGO LUCHO EL DÍA DE SU MATRIMONIO
Niños, niñas, doctores, doctos, muchachas, muchachos, doña Alejandrina, don
Leo, rumberos, solteros, casados, señoras y señores:
Desde la capital colombiana estamos expectantes, estamos pendientes,
tristes de no haber podido asistir, pero felices de ver esta unión plasmada
bajo el hermoso paisaje de Orlando. Es que no es cualquier evento: es el evento
en el que Lucho, gran personaje de la farándula criolla y galénica, une su
vida, sus pasiones, su gran corazón y su ser, con Pao. Es algo hermoso. Pero veamos:
Lucho, Freddy Mercury, qué podríamos decir de él?
Digamos que lo vi la primera vez en una fuente de soda payanesa a más no
poder, donde la juventud de peinado hongo y zapatos Corona con monedita hacía
su banal reunión para hacer levantes, pelear, flirtear y hacer amigos: Frozen
cake. Me acuerdo que iba ahí tal muchacho imberbe, con cara de yo no fui, a
recrear el ojo, cosa que este pecho también hacía. Luego entró al colegio Los
Andes, a estudiar, a tirar tizas, a hacer lo que todos los jóvenes hacíamos:
vivir con desenfado y buscando la felicidad, con el sazón de las puntas cubanas
y el guarilax.
Fue fácil hacerme amigo de él: salíamos, conocíamos gente, rumbas,
caballos, planadas, amanecidas, muchachos locos, pero siempre con metas de
estudiar, en últimas éramos juiciosos, con metas de ser alguien en la vida y de
salir adelante. Iba a la casa de él, conocí a su familia, a veces “tomábamos en
demasía”, íbamos en moto, parche Los andes, y la amistad crecía, conoció a mi
familia, me le puse bravo una vez que fuimos a Bogotá, el gran paseo a Hacienda
Santa Bárbara, y gritó mi nombre entero durísimo, volviéndome yo el hazmerreír
de las rolas: ahora no me da pena que me llamen Jorge Alonso, pero a los 15
años uno sólo quisiera llamarse diferente, tal vez Julián o Jacobo, no como un
conquistador del siglo XV.
Y conocimos Bogotá, y cada vez se iban forjando más los lazos de amistad.
Luego nos graduamos, la universidad, el alma ya define sus perfiles, me fui a
Cali, él Popayán, luego él Bogotá y ahora yo también.
Gran muchacho, nerdo como él solo, familiar, talentoso, reservado,
sensible, chocho, trabajador, sobre todo disciplinado, a lo largo del tiempo he
visto su crecimiento profesional, sentimental y personal, y lo he visto
madurar. Con ese gran corazón supo conquistar a una gran mujer, dotada de
hermosas cualidades y virtudes que hacen que entre los dos conformen un equipo
hermoso.
Acá te pensamos mucho amigo, te agradezco mucho todo tu apoyo y tu amistad
valiosa durante todos estos años, sos mi amigo del alma desde hace 20 años, y
acá seguimos, yo con mi familia y vos formando la tuya con Pao, a quien también
quiero mucho y con la cual te embarcarás en el matrimonio, una empresa con
momentos tristes, felices, lúcidos, apasionados, pero una empresa que tiene el
motor de la vida: el amor que Dios pone en cada uno, el amor que es el que
motiva a vivir y a respirar.
Muchas felicidades, los quiero mucho!!!
Jorge Ruiz y compañía…….
gracias jorgito amigo del alma
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