jueves, 16 de mayo de 2013

La creatividad que mató a la creatividad


A menudo mis dudas y preguntas nacen de comentarios de la gente; de las cosas que oigo por ahí, en los cafés que frecuento a medida que me tomo un machiatto, en los restaurantes de perfil mediano donde degusto el segundo golpe del día, en los medios de transporte masivo cuya saturación se debe a su éxito, y en vitrinas de antojos y delicias de consumo. Ay antojos de cada día!!. A medida que voy oyendo música sofisticada, paro oreja a la gente, siempre hermosa, que va en las mismas afugias; la gente que también necesita transportarse, alimentarse y divertirse. En medio de todo eso, de toda esa caterva de hienas, entre comida, próximas paradas, esperas, vitrinas, farmacias, donuts y muchas revistas fashion, capta uno ciertas palabras o comentarios que hacen que en la mente uno quede en stop, como en la serie Héroes. Todos congelados, menos yo, ahí pienso en lo que dice el interlocutor y porqué lo dice. Luego el mundo continúa como si nada.

En medio de estas andanzas y caminatas, noté la otra vez a una dama con un vestido sartorial estándar hablando con su amiga o colega; hablaban y comentaban todo: los hijos, el metro cuadrado, el clima, la comida, los temas que unen a la gente. Y en esas una de ellas, señora brunette de traje sastre, dijo que ahora ya no había escritores ni djs ni fotógrafos ni traductores. Lo anterior lo dijo argumentando que ahora la tecnología ofrece un menú completo de funciones y avances, con los cuales es muy fácil tomar una buena foto, es muy fácil escribir, hay muchas fuentes, es muy fácil traducir, es muy fácil crear mixes. Ya todo está creado, ahora todo el mundo puede ser y hacer lo que quiera.

El mega bus rojo se detuvo. Ella quedó con la boca abierta y la mano alzada, el resto de gente quedó inmóvil con su actitud impasible, todos sentados en sus puestos. Yo me miré las manos, las moví, moví mis piernas y estaba todo absolutamente normal en mí. El mundo se había detenido y sólo yo estaba en movimiento. Me acerqué a la señora, con la total libertad de decirle lo que se me viniera en gana, sin esperar una incómoda respuesta, o peor aún, que se pusiera a armarme conversa sin yo quererlo. Me le acerqué al oído.

Entonces la creatividad del ser humano ha matado la creatividad del ser humano? No me parece, más bien ahora hay más herramientas y más medios para hacer las cosas; la creatividad al servicio de la creatividad.
Señora, entonces le parece que los djs de ahora no tienen mérito y los de antes sí? Ahora el aparato hace mil cosas, incluso le cuadra las velocidades, pero el talento y el buen gusto del dj hace la diferencia, no el tecnicismo. Me acuerdo hace 20 años aproximadamente que lo más común eran las mezclas en acetatos, y eran poco comunes los CDs; después ví un equipo reproductor profesional de estos últimos, al cual se le podía graduar la velocidad, y un sayayín muy famoso de mi tierra dijo lo siguiente: “ahh, no, cuadrando la velocidad cualquiera puede mezclar”. Claro, obvio. Ahora también dicen “ahh, no, con esos súper equipos cualquiera puede mezclar”. La amnesia en la historia también aplica en estas lides.

Con la fotografía pasa lo mismo. Antes uno iba a revelar el rollo al centro; a veces no salía ni una, y la gran mayoría de veces uno hubiera querido la foto de la abuelita con ojo abierto, no con ojo cerrado, y mucho menos con ojos rojos, pero así era el contexto. Y en los 80s hubo muy buenos fotógrafos. Después salieron unas cámaras digitales en las cuales uno podía ver cómo quedó, y borrarla. Borrarla!!. Y nuevamente incomodar a los asistentes al ágape y decirles “qué pena, otra vez foto!”. Claro, la gente decía que obvio, que con esas cámaras todo el mundo es fotógrafo porque sí las puede editar, sí puede ver cómo quedaron, qué chiste. Ahora con el instagram estamos repitiendo la historia. El instagram, con su efecto vintage en fiestas de cumpleaños de primos, es una herramienta; el ingenio estará en el fotógrafo. Me refiero a estos dos temas, pero usted puede replicar dicha analogía a los videojuegos, a las cámaras de video y demás artefactos que nos hacen la vida diferente, a veces más fácil para unos y a veces más difícil para otros. Mejor dicho, independientemente de la tecnología, siempre habrá gente con y sin talento.

Digo esto último porque, así como la tecnología a veces quita mérito al artista, al hacer parecer que no fue obra de él sino del software, también ocurre que al estar frente a aparatos sofisticadísimos la persona antes de hacer algo bien, hace todo lo contrario: se enreda, entorpece la situación, se vuelve todo un caos; reitero, lo bueno no puede ser culpa de la tecnología, lo malo tampoco. En últimas es culpa del humano. O sino fíjese en la señora ampulosa en Unicentro mientras parquea su carro inmenso, su camioneta llena de pitos y botones y latas gigantes, con la posibilidad de tenerlo todo pero abrumada por la imposibilidad de controlarlo todo. Así reacciona la gente con algo que aparentemente le hace la vida más fácil, pero que no lo sabe manejar.

Habiéndome desahogado con la señora de pinta laboral y tacones rojos, me devolví a mi sitio, volví a quedarme serio, hice un abrir y cerrar de ojos muy a lo Bewitched, y todo volvió a la normalidad. Ella se quedó mirando para todos los lados, me miró a mí con un dejo mezclado entre complicidad y desconfianza, y siguió conversando con su amiga; yo sonreí, le subí a la canción de Demi que estaba oyendo, hasta el nivel 9, y seguí mi viaje. No sin antes oírle mencionar a ella que no importaba la tecnología, que en últimas el ser humano, el malo y el bueno, el experto y el amateur, nivelaba las cosas, y que talento, rencauche e innovación siempre iba a haber.

Bienvenidos al futuro. Pero la vida, como tal, sigue igual. En 30 años seguiremos añorando el pasado y teniéndole desconfianza al futuro, diciendo que la creatividad ya no existe, que todo lo hacen los computadores y que el ingenio del humano acabó. Tal vez la señora tenga razón y esto lo escriba un robot  para ese entonces.

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