A menudo mis dudas y preguntas
nacen de comentarios de la gente; de las cosas que oigo por ahí, en los cafés
que frecuento a medida que me tomo un machiatto, en los restaurantes de perfil
mediano donde degusto el segundo golpe del día, en los medios de transporte
masivo cuya saturación se debe a su éxito, y en vitrinas de antojos y delicias
de consumo. Ay antojos de cada día!!. A medida que voy oyendo música
sofisticada, paro oreja a la gente, siempre hermosa, que va en las mismas
afugias; la gente que también necesita transportarse, alimentarse y divertirse.
En medio de todo eso, de toda esa caterva de hienas, entre comida, próximas paradas,
esperas, vitrinas, farmacias, donuts y muchas revistas fashion, capta uno
ciertas palabras o comentarios que hacen que en la mente uno quede en stop,
como en la serie Héroes. Todos congelados, menos yo, ahí pienso en lo que dice
el interlocutor y porqué lo dice. Luego el mundo continúa como si nada.
En medio de estas andanzas y
caminatas, noté la otra vez a una dama con un vestido sartorial estándar
hablando con su amiga o colega; hablaban y comentaban todo: los hijos, el metro
cuadrado, el clima, la comida, los temas que unen a la gente. Y en esas una de
ellas, señora brunette de traje sastre, dijo que ahora ya no había escritores ni
djs ni fotógrafos ni traductores. Lo anterior lo dijo argumentando que ahora la
tecnología ofrece un menú completo de funciones y avances, con los cuales es
muy fácil tomar una buena foto, es muy fácil escribir, hay muchas fuentes, es
muy fácil traducir, es muy fácil crear mixes. Ya todo está creado, ahora todo
el mundo puede ser y hacer lo que quiera.
El mega bus rojo se detuvo. Ella
quedó con la boca abierta y la mano alzada, el resto de gente quedó inmóvil con
su actitud impasible, todos sentados en sus puestos. Yo me miré las manos, las
moví, moví mis piernas y estaba todo absolutamente normal en mí. El mundo se
había detenido y sólo yo estaba en movimiento. Me acerqué a la señora, con la
total libertad de decirle lo que se me viniera en gana, sin esperar una
incómoda respuesta, o peor aún, que se pusiera a armarme conversa sin yo
quererlo. Me le acerqué al oído.
Entonces la creatividad del ser
humano ha matado la creatividad del ser humano? No me parece, más bien ahora hay
más herramientas y más medios para hacer las cosas; la creatividad al servicio
de la creatividad.
Señora, entonces le parece que
los djs de ahora no tienen mérito y los de antes sí? Ahora el aparato hace mil
cosas, incluso le cuadra las velocidades, pero el talento y el buen gusto del
dj hace la diferencia, no el tecnicismo. Me acuerdo hace 20 años aproximadamente
que lo más común eran las mezclas en acetatos, y eran poco comunes los CDs;
después ví un equipo reproductor profesional de estos últimos, al cual se le
podía graduar la velocidad, y un sayayín muy famoso de mi tierra dijo lo
siguiente: “ahh, no, cuadrando la velocidad cualquiera puede mezclar”. Claro,
obvio. Ahora también dicen “ahh, no, con esos súper equipos cualquiera puede
mezclar”. La amnesia en la historia también aplica en estas lides.
Con la fotografía pasa lo mismo.
Antes uno iba a revelar el rollo al centro; a veces no salía ni una, y la gran
mayoría de veces uno hubiera querido la foto de la abuelita con ojo abierto, no
con ojo cerrado, y mucho menos con ojos rojos, pero así era el contexto. Y en
los 80s hubo muy buenos fotógrafos. Después salieron unas cámaras digitales en
las cuales uno podía ver cómo quedó, y borrarla. Borrarla!!. Y nuevamente
incomodar a los asistentes al ágape y decirles “qué pena, otra vez foto!”. Claro,
la gente decía que obvio, que con esas cámaras todo el mundo es fotógrafo
porque sí las puede editar, sí puede ver cómo quedaron, qué chiste. Ahora con
el instagram estamos repitiendo la historia. El instagram, con su efecto
vintage en fiestas de cumpleaños de primos, es una herramienta; el ingenio
estará en el fotógrafo. Me refiero a estos dos temas, pero usted puede replicar
dicha analogía a los videojuegos, a las cámaras de video y demás artefactos que
nos hacen la vida diferente, a veces más fácil para unos y a veces más difícil
para otros. Mejor dicho, independientemente de la tecnología, siempre habrá
gente con y sin talento.
Digo esto último porque, así como
la tecnología a veces quita mérito al artista, al hacer parecer que no fue obra
de él sino del software, también ocurre que al estar frente a aparatos sofisticadísimos
la persona antes de hacer algo bien, hace todo lo contrario: se enreda,
entorpece la situación, se vuelve todo un caos; reitero, lo bueno no puede ser
culpa de la tecnología, lo malo tampoco. En últimas es culpa del humano. O sino
fíjese en la señora ampulosa en Unicentro mientras parquea su carro inmenso, su
camioneta llena de pitos y botones y latas gigantes, con la posibilidad de
tenerlo todo pero abrumada por la imposibilidad de controlarlo todo. Así reacciona
la gente con algo que aparentemente le hace la vida más fácil, pero que no lo sabe
manejar.
Habiéndome desahogado con la
señora de pinta laboral y tacones rojos, me devolví a mi sitio, volví a
quedarme serio, hice un abrir y cerrar de ojos muy a lo Bewitched, y todo
volvió a la normalidad. Ella se quedó mirando para todos los lados, me miró a
mí con un dejo mezclado entre complicidad y desconfianza, y siguió conversando
con su amiga; yo sonreí, le subí a la canción de Demi que estaba oyendo, hasta
el nivel 9, y seguí mi viaje. No sin antes oírle mencionar a ella que no
importaba la tecnología, que en últimas el ser humano, el malo y el bueno, el
experto y el amateur, nivelaba las cosas, y que talento, rencauche e innovación
siempre iba a haber.
Bienvenidos al futuro. Pero la
vida, como tal, sigue igual. En 30 años seguiremos añorando el pasado y
teniéndole desconfianza al futuro, diciendo que la creatividad ya no existe,
que todo lo hacen los computadores y que el ingenio del humano acabó. Tal vez la
señora tenga razón y esto lo escriba un robot para ese entonces.
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