Las matemáticas. Etimologías,
glosario de definiciones y bibliografías abundan en el mar del conocimiento.
Baldor, el gran aparente adalid de ellas, motivo de desvelo de muchos, con un
libro rajador cuya portada denota más misticismo y erudición que alguno del
gran maestro Sri Yukteswar, si bien ya entrados en años nos dimos cuenta que no
era ni árabe ni iluminado sino un profesor cubano bastante adusto y horroroso;
aun con esas revelaciones y engaños de las matemáticas y de su enseñanza, es una
ciencia muy interesante que ha evolucionado con el tiempo, de la mano de la
tecnología y los algoritmos. Para unos seguirá siendo un coco y para otros será
un dulce.
Surgen los números, y después de
ires y venires, de averiguar si fueron egipcios o si fueron chinos o indios, el
poder de la abstracción humana absoluta al crear el número cero y más allá de
las estrellas, e incluso más allá del infinito, quedamos con lo que conocemos
ahora: un sistema de números del 0 al 9, con los cuales se pueden complicar las
cosas tanto como queramos. Como todo en la vida.
Estas diez cifras, entre el cero
y el nueve, sirven para millones de cosas. Les mencionaré tres ejemplos muy
curiosos, donde la matemática sale en su estado más puro.
El primer ejemplo data de 2007,
fecha en la que estaba un francés llamado Alexis Lemaire, con 27 abriles, en el
Museo de Ciencias de Londres, muy peinado y puesto en su sitio. Pongan
atención, la competencia era entre un grupo de personas que orgullosamente se
hacen llamar matletas, es decir atletas de las matemáticas. No crean que el
objetivo era comer hamburguesas en poco tiempo, o correr, o saltar: tenían que
sacar la raíz decimotercera de un número de doscientas cifras. No sé si es
posible dimensionar esto, en un mundo que usa cifras más sencillas. Lo que más
llama la atención, aún más difícil de creer, es que este muchacho dijo la
respuesta correcta al cabo de setenta segundos. En este tiempo podemos hacer
muchas cosas, correr, dormir, escribir un mail, incluso podemos empezar a
recitar las primeras veinte cifras de este número. Increíble.
Segundo ejemplo. En diciembre de
2009, otro francés lívido alzó la mano en un salón con colegas orates, al reclamar
para sí un récord y convertirse en la persona con más dígitos de Pi encontrados:
la no despreciable suma de 2.7 billones. Es decir, casi tres millones de
millones. Estuvo 131 días al frente de un computador haciendo los cálculos.
Para que recordemos les cuento que el número Pi no tiene secuencia, los números
van en desorden. Este ducho sacó tal número de cifras, para regocijo propio y
de sus tutores, allá en ese país cuya primera dama en ese entonces era la
hermosa cantante Carla Bruni.
Como tercera demostración de lo
curiosa que es la matemática, en el año 1754 en Inglaterra existió un señor
llamado Jedediah Buxton. En realidad era un matemático obseso que no sabía leer
y como pasa muchas veces con estos talentos extremos y extremistas, adolecía de
autismo. Resulta que ese año lo invitaron a ver la obra Ricardo III de Shakespeare
en un teatro de la época, desbordante en pompa y boato, con esas mujeres de vestidos
exuberantes y mucho rapé. La experiencia de ir al teatro lo dejó literalmente
sin palabras, no pudo hablar. Sufrió de un ataque de apoplejía que lo dejó más
mudo de lo que era. Sin embargo con el tiempo notificó a los que lo habían
invitado que los actores dieron 5.202 pasos y pronunciaron 14.445 palabras.
Cómo hizo para contar y para recordar es un gran enigma.
Qué importancia tiene manejar
estas cifras y estos cálculos? He ahí el quid del asunto. Está claro que las
matemáticas fueron creadas para contar y solucionar problemas básicos de la
vida, también está claro que en las finanzas y contabilidad es impensable hacer
cálculos crematísticos si no existieran
estos guarismos, estas cifras aparentemente tan sencillas. Las matemáticas han
sido y seguirán siendo esenciales en la vida; aquí el tema en cuestión son las
curiosidades derivadas de ella.
Para responder lo anterior me
debo remitir a un profesor en la universidad, a quien un estudiante chabacano y
pisaverde le preguntó malhumorado en una ocasión para qué servían estos
cálculos, de qué nos puede servir en la vida saber qué es la hipotenusa, el
seno, el coseno, o el seno de Theta (términos cuya sinonimia en el presente me
abruma; no puedo entender cómo
coincidieron estas dos palabras ominosas y quisquillosas, seno y theta, en un
cálculo trigonométrico, no lo entiendo).
El profesor, al oír la pregunta del
alumno respondió con toda la amabilidad del caso lo siguiente: “Para nada
doctor pisaverde. No sirven para nada”. Y es verdad, no sirve para nada saber
que el billonésimo dígito de pi es 4 ó 7 ó 2. Sin embargo la gente, y no poca,
vive detrás de estas curiosidades que generan una sonrisa y un leve
empinamiento de ceja en el lector.
Vivimos rodeados de aspectos que
no sirven para nada, a veces tan elevados y estrictamente teóricos como estos
que les acabo de mencionar y que ocupan a muchos matemáticos alrededor del
mundo, y otras veces más palpables y cotidianos de cuya categoría de
inservibles tal vez ni nos percatamos. Pero así es el progreso y así se mueve
el mundo. Hace mil años sólo había médicos y abogados, no había más, no había
necesidad de más.
Podemos entonces decidir, tal y como
si estuviéramos en un supermercado, qué agarramos y qué descartamos: podemos
preferir edictos, contratos, leyes y comunicados o podemos rebuscar un poco más
y elegir algoritmos, poemas o noticias alambicadas. En últimas, pocas cosas en
la vida son imprescindibles. En últimas este artículo tuvo 1060 palabras, 6173
caracteres y esta misma secuencia de letras puede replicarse en alguna posición
del billón de números de Pi. Para qué saberlo? Para nada. Habrá cada vez más
retos, más ciencias, más raíces cuadradas y más descubrimientos. Muchos
inútiles.
Tengo la seguridad de que muchas
cosas no sirven para nada, pero si inducen al regocijo sí lo harán. A eso
vinimos al mundo: a respirar un rato, a contar los momentos, a multiplicar
emociones y a dividir momentos. Una ecuación con pocas variables e infinitas
respuestas. Incluso ahí las matemáticas también sirven.
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