jueves, 3 de octubre de 2013

La carta rectangular

Hace un tiempo llegó una tarjeta en la cual cordialmente se hacía una invitación a un mundo cercano pero lejano, a un mundo adornado de múltiples maneras. La tarjeta consistía en un rectángulo de cartulina blanca plastificada llegando incluso a tener similitud con el papel bond, de letras cursivas y sencillas de color azul oscuro. Decía “Bienvenido sea Usted”. El sobre estaba cerrado y como pegatina para hacerlo estaba un pequeño broche de zafiro, de ese zafiro que escasea en el mercado de las piedras preciosas, y que sólo se usa para ocasiones especiales como esta.

El cartero que andaba repartiendo las invitaciones cumplió su labor a carta cabal. Muy juicioso fue de casa en casa, haciendo dos toques sutiles al maderamen del pórtico y acto seguido, independientemente de que abrieran o no, echaba la invitación por debajo de la puerta, con poca fuerza pero con la mínima necesaria para que el sobre recorriera unos cuantos centímetros de arrastre, cosa que cuando el destinatario se dispusiera a abrir se topara con él.

Mientras tanto estaba en su sillón reclinable un señor pomposo y rebosante en boato; mientras degustaba un plato rico en sabor y en calorías, daba órdenes a mansalva a sus súbditos, ya que siempre estaba exigiéndoles más de lo que podían dar. Llevaba un traje de precio alto pero de glamour bajo, muy acorde con su personalidad. El vestido tiene la forma del cuerpo, y a veces refleja el alma. A medida que se quejaba, ahíto de preocupaciones, llegó el mensajero y le entregó el sobre sin argumentar nada, ya que en realidad no sabía cómo había llegado a la recepción. Permaneció unos segundos dudando y antes de echar dicho papel a la basura, y al darse cuenta que la caneca estaba llena, decidió abrirlo. Así mismo hizo mucha gente también.

La inmensa cantidad de sobres  fue abierta en múltiples lugares, en diferentes partes del mundo, al unísono. Al hacer lo anterior, se dejaba entrever la invitación en papel reciclable, un poco rústico y de color beige. Con el mismo tipo de fuente usada en el sobre, estaba una inscripción que decía “déjate llevar por el olor de tu bebida de la mañana”.

Gran parte de los lectores leían tal frase e inmediatamente miraban al reverso, para ver si ahí estaba la continuación. Pero no había más letras.

En otro sitio, en la misma ciudad, caminaba discutiendo una pareja, ya cansada de sus múltiples desavenencias, considerando la idea de separarse. Separaciones que se planean cuando hay nortes disímiles, cuando el desamor les circunda. Mientras andaban en un alegato de razones fútiles, un niño que vendía globos inflados con helio le entregó un sobre a  cada uno; la simple mención de la bienvenida plasmada en las letras les hizo callar la boca, leyeron, y se detuvieron.

Entretanto, el señor pomposo se paró, miró hacia la ventana, atisbó los altos edificios vecinos y pensó en la frase. Su bebida de la mañana era un café excelso. Al sentir su aroma, un aroma que todo el mundo percibe pero en realidad pocos se detienen a admirar, su rostro cambió, se acordó de sus familiares a quienes tan abandonados tenía, ya que ese olor le recordó un paseo en carro que había hecho hace unos años. El aroma de remembranzas lo hizo llamar por teléfono a su mamá, a preguntarle cómo estaba, a preguntarle por su vida, una vida que él desperdiciaba trabajando y mandando.

El resto del día estuvo muy contento, a cada rato acercaba la taza a su boca, tomaba su café y olía su aroma, y pensó en porqué desperdiciar tanto tiempo haciendo llamadas, trazando cronogramas y motivando outsourcings, siendo que su familia, que es lo más importante, estaba cada vez más distante; ni siquiera él sabía en qué vicisitudes estaban sus hijas. Miró a los demás, miró todo claro. La vida consiste en nacer, ver nacer, ver morir y morir. Eso era todo, eso es todo, y canceló todas sus citas. Dos horas después estaba en el parque jugando pelota con ellas, con sus hijas, sudoroso, con su traje de precio alto y ahora sí con algo más de glamour.

La pareja que altercaba mientras desayunaba afanosamente en la calle hizo caso al aviso: él bajó su mirada hacia el té de frutos rojos, ella hacia su café latte. Olores ancestrales, mordiscón ancestral del subconsciente que lleva a parajes lejanos; y ahí fueron transportados a su primera cita, tomando lo mismo, con el olor de paz y relajación que emana de estos ingredientes. Eran las mismas almas, un poco más jóvenes, construyendo un futuro que se estaba destruyendo en el presente. A veces el mero recuerdo de algo cambia la perspectiva y hace que lo que estaba ocurriendo segundos antes sea visto de manera diferente.

Ella, con su pelo rubio, lo miró y vio una base sólida, un amor sólido; porqué enmascarar ese amor con problemas diarios e inanes de convivencia? Ahí estaban, estaban sus cuerpos, la sonrisa fluye y el beso que hace tiempo estaba tan esquivo volvió a convertirse en el protagonista y cómplice de su historia. Nada en la vida es demasiado grave, estaban juntos de nuevo, los suspiros volvieron. Larga libación a ese té y a ese café latte.

Los cambios en el mundo se producen de a cucharaditas. Que se tenga conocimiento, una pareja retomó su rumbo ese día y un padre mejoró ostensiblemente la relación con su familia; seguro que otras mejoras en la carretera de la vida hubo ese día causadas por lo mismo, sin embargo plasmo dos casos vívidos; algo que está ahí todas las mañanas y que permanece imperceptible desencadena profusión de sentimientos y así el optimismo gana la partida.


Ese día también se produjo otro cambio: En el autor de esas tarjetas se pintó una leve pero sustanciosa sonrisa de satisfacción, un inflamiento de pecho por haber sido artífice de un movimiento que curó un par de familias y otro tanto de corazones. La invitación, llena de color e inocencia, había surtido efecto. Estaba contribuyendo a cambiar nuestro mundo.

4 comentarios:

  1. Cada semana se ve la madurez que tus letras van ganando old friend. De las más agradables entradas que he tenido la oportunidad de leerte.
    Sin embargo, debo discrepar en cuanto al color de la invitación Georgie Boy; el blanco es la ausencia de todo color.

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  2. Jaja my friend...gracias, un abrazo!!!

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  3. Además boy, el zafiro no es un metal sino una piedra. Pillado jajajaja

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  4. el que acepta las pilladas tendrá cada vez menos posibilidades de que lo pillen.....estás pillao pillao pilláaaaa.......corregiré todo, mi papá también me recomendó otra cosita....abrazos y graciassss

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